En la entrada de un cementerio hay un letrero que dice: “Esperando Juan 11: 25”. Es una referencia del versículo arriba citado y un testimonio de la fe en la resurrección.

En este pasaje Jesús declaró a Marta, quien estaba llorando por la muerte de su hermano: “Yo soy la resurrección y la vida”. Y le preguntó: “¿Crees esto?”. Esta pregunta se dirige a todos nosotros, y de manera especial cuando estamos en un cementerio. De la respuesta que demos dependerá nuestra condición eterna. Solo hay una alternativa: “si crees, verás la gloria de Dios” (v. 40), o: “moriréis en vuestros pecados… si no creéis” (Juan 8:24).

Jesús murió, pero resucitó y ahora vive eternamente. Él dijo al apóstol Juan: “No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte” (Apocalipsis 1:17-18). Todos los que confían en él pueden estar seguros de que, incluso si mueren, vivirán para siempre. Verán la gloria de Dios. Cuando el Señor venga, el poder de Dios se desplegará para resucitar los cuerpos de los creyentes.

Pero “la ira de Dios está sobre” los que rehúsan creer en el Hijo de Dios (Juan 3:36). Para ellos, la muerte marcará una separación definitiva con Dios, en el lugar de los tormentos eternos, en el “lago de fuego” (Apocalipsis 20:10).

Dios quiere que todos los hombres sean salvos. Aún hoy perdona a todo el que se arrepiente y cree en el Señor Jesús.