La Biblia presenta la brevedad de la vida mediante diferentes imágenes. “No sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” (Santiago 4:14). “Mis días se han consumido como humo” (Salmo 102:3). La brevedad de nuestra vida en la tierra nos interpela: ¿Qué sucederá después? ¿Todo se acaba con la muerte?

La vida en la tierra dura poco tiempo, nos responde la Biblia, pero es un tiempo decisivo. Por ello es imperativo entrar en relación con nuestro creador ahora. Desde el principio de su enseñanza, Jesús declaró: “Arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:15). “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24).

Ahora es preciso arrepentirse y recibir gratuitamente la vida eterna. Esta no es simplemente la prolongación de la existencia que tenemos hoy. Es una vida nueva dada a todo el que cree en el único Dios verdadero, y en aquel a quien él envió, Jesucristo (Juan 17:3).

Esa nueva vida incluso permite a los creyentes considerar la muerte serenamente, pues están unidos por una misma vida a Cristo, quien está en el cielo. Pasarán la eternidad en su presencia, como él lo pidió a su Padre: “Aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo” (Juan 17:24).

No deje pasar el tiempo, “he aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:2).