– Cuando Jesús dice: “Yo soy el camino”, nos revela que hay un camino y solo uno para conocer a Dios como Padre, y para acercarnos a él. Ese camino es él mismo, Jesús. Al depositar nuestra confianza en él descubrimos quién es Dios: no es un Dios lejano e indiferente, sino un Padre que nos ama, nos perdona y cuida de nosotros hasta en los pequeños detalles de nuestra vida.

– Yo soy “la verdad”. Esto significa que hay una verdad absoluta; no se trata de una ideología, un saber, un método, sino de una persona que no miente: Jesús. Él nos enseña qué es el bien, el mal, el hombre, Dios mismo. Jesús nos revela a Dios plenamente, en particular como nuestro Padre. Saca todas las cosas a la luz, tal como son a los ojos de Dios. Ese camino que nos conduce al Padre, y esta verdad que nos lo revela también nos permiten entrar en el misterio de los propósitos de Dios.

– Yo soy “la vida”, dijo Jesús a sus discípulos, cuando estaba a punto de morir. ¿Es paradójico? No, porque a través de su muerte anuló la muerte e hizo brillar la vida y la incorruptibilidad mediante el Evangelio (palabra que significa buena nueva). Su muerte y su resurrección pasaron a ser esta buena nueva. Por medio de la muerte destruyó “al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Hebreos 2:14). Él es la vida: nos da su vida en abundancia, vida necesaria para hacernos conocer y apreciar todo lo que él nos reveló.