Entre los misterios revelados en el Nuevo Testamento está el de la Iglesia, la esposa del Cordero (Apocalipsis 21:9). Dios emplea esta expresión para mostrarnos el carácter íntimo de la relación que une a la Iglesia con su Señor. La Iglesia es el conjunto de todos los que creyeron en Jesús y recibieron la vida eterna.

El apóstol Pablo escribe: “Os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo” (2 Corintios 11:2). El período actual corresponde al tiempo durante el cual Cristo prepara a su Iglesia para el día de la boda: “La sustenta y la cuida” (Efesios 5:29); pronto se la presentará “a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino… santa y sin mancha” (Efesios 5:27).

Es necesario ir al final del santo Libro para descubrir el resultado del plan de Dios: “Gocémonos… démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero” (Apocalipsis 19:7). Asociada al gran Vencedor, la Esposa participará de su reinado de justicia y paz en la tierra durante mil años (Apocalipsis 20:6), antes de que “un cielo nuevo y una tierra nueva” sean establecidos. Entonces leemos: “Vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido… He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres… ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios” (Apocalipsis 21:1-3).

Mientras esperamos esta eternidad gloriosa, “el Espíritu y la Esposa dicen: Ven” (Apocalipsis 22:17).