El sábado, en el mercado, vi dos mesas contiguas. En una se vendían “piedras astrales”. Se asegura la felicidad y la prosperidad a aquel que lleve siempre consigo la piedra de su signo astrológico. En la otra se vendían Biblias a un precio muy inferior al que se vendían las piedras astrales. Muchas personas se detenían y compraban en el primer puesto, pero miraban con desconfianza el segundo…

¿Por qué esta tendencia humana a creer en los “amuletos” (piedra, medalla, etc.) y a sentir tanta desconfianza hacia la Biblia, la Palabra de su Dios creador? Porque el hombre tiene miedo al futuro, miedo a perder una relación o un trabajo, miedo a estar enfermo, a sufrir, a envejecer, a morir… La ausencia de una relación con Dios lo lleva a poner su confianza en “imitaciones”. Estamos listos para creer en influencias, en buenos discursos, en teorías sin fundamentos, en vez de confiar en Dios. ¡Preferimos la mentira a la Palabra de Dios!

El único refugio para conocer la paz, el sentido y el futuro de nuestra vida es tener una relación con Dios. Si le hemos dado la espalda aferrándonos a creencias que lo dejan de lado o se oponen a él, volvámonos a él. Jesús, el Hijo de Dios, nos abrió el único camino que puede hacernos pasar de las tinieblas a la luz, del temor a la paz. Jesús es esa luz divina; su presencia en el que cree borra todo temor. Aún más, Jesús le promete su ayuda y su apoyo para el presente y le da certezas para el futuro. Es necesario leer la Biblia y creer.