El servicio de urgencia llegó rápidamente; todas las sirenas sonaban… Los rescatistas se precipitaron… Luego, en el hospital, se activaron otras medidas para evitar que su intento de suicidio tuviera éxito…

Pero el equipo de emergencia no podía hacer todo por esta mujer a quien se le brindaban tantos cuidados. Devolviéndola a la vida, también le devolvían la misma desesperación que la había llevado a este extremo. La salvación del cuerpo no significa la salvación del alma. Esta mujer tenía muchos socorristas, pero todavía necesitaba un Salvador.

¿Quién puede cambiar la existencia de esta persona, perdonar su pasado, darle nuevas razones para vivir, seguridad para el futuro, en otras palabras, devolverle la esperanza?

Jesús vino al mundo para esto. Le llevaron endemoniados y expulsó a los espíritus con una palabra, sanó a los enfermos, de modo que se cumplió lo dicho por el profeta Isaías: “Él mismo tomó nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores” (Mateo 8:17Isaías 53:4).

¿Está desesperado, amargado, herido por la vida? Entonces esta invitación de Jesús es para usted: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Jesús obtuvo esta paz para el alma al precio de sus sufrimientos y de su muerte en la cruz. Hoy quiere transmitirla a todos los que confían y creen en él. Jesús es nuestra esperanza (1 Timoteo 1:1).