La historia de la transmisión, de la traducción y de la difusión de la Biblia contiene anécdotas sorprendentes. Nos costaría decir que una cárcel tiene algo positivo. Sin embargo, fue allí donde Tyndale hizo la primera traducción inglesa de la Biblia, partiendo de las lenguas originales. Su sufrimiento se convirtió en la felicidad de innumerables ingleses.

Lemaistre de Sacy, prisionero por su fe, pudo trabajar en la cárcel para traducir el Antiguo Testamento del hebreo al francés, ¡y fue liberado un día después de haber terminado!

Más tarde (1844-1859), en un monasterio en el desierto de Sinaí (Egipto), Tischendorf encontró preciosos manuscritos en griego. En especial el conocido Codex Sinaiticus, que contiene el Nuevo Testamento y parte del Antiguo. Se piensa que fue copiado en el siglo 4 de nuestra era. Este hallazgo de manuscritos muy antiguos permitió a los traductores resolver varias dudas de menor importancia para obtener nuevas traducciones a los idiomas actuales.

Hasta el siglo 15 la Biblia solo podía ser copiada a mano, tarea realizada mayormente en los monasterios. En el año 1456, ¡el primer libro que salió impreso fue una Biblia! Gutenberg la imprimió después de 6 años de trabajo, 4 de los cuales fueron necesarios para preparar las letras.

Mientras la Biblia fue prohibida en China, cada chino debía poseer el pequeño libro rojo del líder comunista Mao Tsé-Toung. Sin embargo, este libro, el segundo más distribuido después de la Biblia, alcanzó menos de mil millones de copias. La difusión total de la Biblia sobrepasa hoy los seis mil millones de ejemplares.