Satanás forma parte de los ángeles, esos seres espirituales creados por Dios. Tiene una inteligencia extraordinaria. La Biblia nos enseña que quiso ser como Dios, y que ese orgullo originó su caída (Ezequiel 28:11-19). Ahora reina, como el jefe de los demonios, sobre los ángeles que influenció para que siguiesen su rebelión. ¡El infierno está preparado para ellos!

Desde la creación de Adán, Satanás trató de alejar al hombre de Dios, y lo incitó a rebelarse. Para ello no dudó en contradecir al creador. Dios había advertido a Adán en cuanto al árbol de la ciencia del bien y del mal: “El día que de él comieres, ciertamente morirás”. Pero Satanás le dijo: “No moriréis; sino que… seréis como Dios” (Génesis 2:173:4-5). Era hacer creer al hombre que Dios no quería su felicidad, y empujarlo al orgullo y a la incredulidad. ¡Era mentir y calumniar gravemente al Dios de amor!

Satanás siempre trata de cegar al hombre y alejarlo del Dios que lo ama. Si el hombre se esfuerza tanto en contradecir la Palabra de Dios, es porque Satanás, el mentiroso, lo empuja a seguir la inclinación de su voluntad.

Seamos claros: Satanás quiere arrastrar a los hombres con él a la perdición. Dios no preparó el infierno para el hombre. Pero Satanás, el mentiroso, trata de convencer a los hombres de que este no existe, para así llevarlos más fácilmente a ese lugar. ¡Pero Dios es el único verdadero!

¡Cuidado! Escuchemos la Palabra del Dios verdadero. Él no puede mentir. ¡Él salva a todo el que cree en Jesús!