“Irónico. En plena caravana en Nueva York, en la que varios motociclistas protestaban contra una ley que los obligaba a usar cascos, uno de los manifestantes murió al caer de su vehículo y golpearse la cabeza contra el pavimento”, informó un diario.

“La víctima conducía su potente máquina. Al frenar, el motociclista de 55 años perdió el control de su moto y fue expulsado por encima del manubrio. Como era de esperarse, la policía aseguró que el hombre hubiera podido sobrevivir al accidente si hubiera tenido en cuenta una sencilla consigna: llevar puesto un casco”.

Esta noticia revela la insensatez del ser humano ante ciertas normas y reglamentos que fueron promulgados para proteger nuestra vida. Y cuando pensamos en nuestra alma, surge la pregunta: ¿Cuál es la protección que tenemos ante la velocidad de este mundo, que cada día avanza por caminos escabrosos y curvas peligrosas, lo cual nos hace sentir la fragilidad de nuestra vida? Nuestra protección es entregar toda nuestra vida en las manos de Dios.

Desde hace casi 2000 años se está anunciando la Buena Nueva de Dios, el mensaje de salvación: “Cree en el señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:31).

El Señor Jesucristo es paciente, no quiere que ninguno se pierda. Hoy todavía le da la oportunidad para reconocer que ha vivido lejos de él, para pedirle perdón por sus pecados y así ser salvo eternamente.

Los que hemos depositado nuestra confianza en Jesucristo, somos exhortados a usar “el yelmo de la salvación” (Efesios 6:17). Es la conciencia y el gozo de la perfecta salvación en Cristo, que Satanás no puede quitar.