Christian sigue contando: «Mi familia y la de mi hermano nos reunimos en un chalé alpino de Francia para las fiestas de Navidad. Allí mi hermano me dio un evangelio de Juan. Lo leí en la cocina cuando todos estaban acostados. A menudo había utilizado una Biblia mientras estudiaba inglés en la universidad. Pero para mí, la Biblia solo era un libro más. ¡Sin embargo aquella noche cada palabra sobresalía del texto, tomaba vida y se apoderaba de mi corazón! Esta lectura ya no era intelectual, sino viva: me parecía posible tener una relación con Dios.

El día siguiente era domingo. Fuimos a una pequeña iglesia evangélica de un pueblo vecino, en donde escuché a personas que venían de un contexto muy modesto dar gracias a un Dios vivo.

¡Qué contraste con esta búsqueda de una realidad totalmente impersonal y que nunca había alcanzado! Lloré muchísimo… ¡Jesús vino a morar en mi corazón! Cuando regresé decía a todo el mundo: «¡Está vivo, Jesús está realmente vivo!». Para mí, Jesús de Nazaret ya no era solo un personaje histórico, comprendí que él vive.

Desde ese día, cuando creí que Jesús murió en la cruz por mis pecados, he recibido el perdón de Dios. Hace 40 años que conozco a Jesús, he tenido muchas pruebas, pero estas no han alterado el gozo y la seguridad de la vida que él me dio, y que también les ofrece hoy».