Un amigo que había tenido un accidente preguntó al médico: «Doctor, ¿cuánto tiempo tendré que quedarme acostado?». El médico le respondió: «¡Solo un día a la vez!». Este consejo se parece a lo que el Señor Jesús nos dice: “No os afanéis por el día de mañana… Basta a cada día su propio mal”.

Claro que es útil tener proyectos, pero el cristiano deposita su confianza en el Señor para caminar con él.

Solo un día a la vez: Dios enseñó esta lección a su pueblo cuando iba por el desierto desde Egipto a Canaán. Cada mañana recogían la porción de alimento necesario para el día: el maná. Venía del cielo y se depositaba en la tierra con el rocío de la mañana. Nadie tenía demasiado y a nadie le faltaba.

No recibían cada semana la porción necesaria para una semana, sino cada día la porción para un día. Para el cristiano, esto significa que la gracia del lunes será para el lunes, y la gracia del martes para el martes… Una total confianza en Dios permite que vivamos tranquilamente día tras día.

Si salgo a caminar de noche por una senda oscura, conozco mi destino, pero mi linterna solo alumbra unos metros delante de mí, y a medida que avanzo, el camino se va iluminando. Finalmente llego a mi destino sin haber dado un paso en la oscuridad. ¡Tuve luz durante todo el trayecto! Así es como Dios me conduce, ¡un paso tras otro!