Llega una nueva generación: jóvenes, adolescentes, niños y bebés. Llegan a un universo que poco a poco se ha alejado de Dios y de los valores que Cristo enseñó. El egoísmo, la inmoralidad, la mentira, el odio y la violencia reinan en una sociedad donde cohabitan el desempleo, la pobreza, la locura de todo tipo de placeres y las grandes desigualdades. Todo esto sucede porque los hombres abandonan cada vez más el respeto que deben a Dios y a las enseñanzas de la Biblia. ¿Hay que desesperarse? ¡No! Dios es paciente y aún hoy presenta a cada uno de estos jóvenes su plan de salvación; él libera y protege también a los que desean vivir con él. Nosotros como adultos o padres, ¿cómo podemos ayudarles?

–Examinemos nuestras propias vidas. ¿Tenemos riquezas espirituales para compartir? Si la Palabra de Dios inspira nuestros pensamientos, el amor de Cristo y la verdad dirigirán nuestras acciones. Nuestra vida será un ejemplo para los más jóvenes; les producirá el deseo de conocer la Biblia y seguir a Jesús, el buen Pastor.

–Demos a Jesús el primer lugar en nuestros hogares para que sean lugares acogedores donde su autoridad sea reconocida y su Palabra leída y vivida diariamente.

–Vivamos en un clima de oración. Hablar del Señor a nuestros hijos está bien, pero hablar al Señor de nuestros hijos es igual de necesario.

–Demos también el primer lugar al Señor el domingo para reunirnos en torno a él.

–Cultivemos el amor hacia el prójimo, hagamos todo para que nuestros hijos hallen la ocasión de servir al Señor.