El sufrimiento está presente en el mundo. Parece difícil relacionarlo con el amor y la bondad de Dios. El sufrimiento, físico o moral, a veces tiene relación directa con una falta; pero en la mayoría de los casos estas aflicciones no son una consecuencia de un pecado, del que alguien fuera responsable. Entonces, ¿el sufrimiento proviene de Dios? ¿Por qué Dios no acaba con él?

La Biblia nos enseña lo siguiente: en el huerto de Edén Dios había preparado todo para que el hombre pudiese llevar una vida feliz. Dios creó al hombre responsable, y la primera pareja humana le desobedeció deliberadamente escuchando al diablo. El hombre dio la espalda a Dios. ¿Cómo puede el hombre hacer responsable a Dios de lo que le sucede? El pecado entró en el mundo, y con él la muerte. Entonces Satanás pasó a ser “el príncipe de este mundo” (Juan 12:31).

Es cierto que hay muchas guerras, enfermedades y epidemias. ¡Son las consecuencias del extravío del hombre! Dios emplea estos medios para detener a los hombres que van por el camino de la perdición. Él no quiere condenarlos, sino salvarlos. Dios es soberano y “no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres” (Lamentaciones 3:33).

Nunca olvidemos que Dios nos ama. Él envió a su Hijo Jesucristo, quien llevó sobre sí mismo nuestros pecados muriendo en la cruz. Dios nos ofrece su perdón, la salvación y la vida eterna. “Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Romanos 5:20). Usted que sufre, y que tal vez no comprende el porqué, acuda a Dios y cuéntele sus penas con confianza.