Desde la antigua Persia y en diferentes épocas, dos siervos de Dios fueron enviados a Jerusalén, e hicieron el mismo recorrido de unos 800 kilómetros. En sus misiones estuvieron expuestos a los ataques de los ladrones de aquella época.

– Esdras no pidió una escolta real, pues había dicho al rey: “La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan” (Esdras 8:22). Confió totalmente en Dios, sin desconocer los riesgos que ese largo viaje conllevaba. “Publiqué ayuno… para afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de él camino derecho para nosotros, y para nuestros niños” (v. 21). ¿Esdras fue razonable? Dios respondió a su fe: “Dios… nos libró de mano del enemigo y del asechador en el camino” (v.?31). ¡Qué ejemplo notorio de una fe valiente!

– 60 años más tarde Nehemías, ministro del rey de Persia, después de haber orado fervientemente a Dios, obtuvo la autorización del rey para ir a Jerusalén llevando cartas para las autoridades locales. Así pudo conseguir diferentes ayudas para la obra de Dios y para el bien de su pueblo. Además el rey le dio una escolta militar (Nehemías 2:7-9).

Estos ejemplos nos muestran que Dios reconoce la fe sincera que descansa en él, y responde. Esdras no actuaba con presunción, sino con confianza. Y la fe de Nehemías, aunque distinta de la de Esdras, no dependía de la ayuda del rey, sino solo de Dios. Estos ejemplos nos animan a confiar siempre en nuestro Dios.