-¿Y si un día tuviese que rendir cuentas de mi vida a Dios ? ¿Cómo hacer ? Nunca me he preocupado por él, siempre he hecho lo que quiero. He cometido muchos actos culpables ante los hombres y seguramente ante él. Mi conciencia me acusa… Trato de encontrar excusas, pero cuanto más miro al pasado, tanto más miedo tengo de Dios.

Me gustaría esconderme, pero ¿dónde ? Él me ve en todos los lugares donde estoy, en mi casa, en la noche… Nada se le puede esconder, ni yo mismo, ni mis pensamientos más secretos. ¡Estoy desesperado ! ¿Quién podrá sacarme de esta terrible situación ?

– Amigo, lo que dice es verdad. Usted es culpable ante Dios, como todo el mundo. Sin embargo, Dios no es solo un juez justo, él también es amor. Nos ama a cada uno. Usted lo ultrajó y lo ofendió, pero aun así él lo ama. Esto es incomprensible y al mismo tiempo maravilloso. Dios nos amó de tal manera que envió a Jesús a la tierra para dar testimonio de su gracia y su verdad. Pero al mismo tiempo es santo, y por ello no puede pasar por alto el mal sin castigarlo.

Entonces Jesús dio su vida por los culpables. Cuando estaba clavado en la cruz pidió a Dios que perdonase a sus verdugos. Fue abandonado por Dios durante tres horas, y murió en nuestro lugar. De este modo, Jesús llevó en su lugar el juicio que usted merecía y al que tanto miedo tenía. Reconozca ante Dios que sin su perdón usted está perdido, y acepte su gracia. ¡Él no rechaza a nadie ! ¡Desde ahora usted puede tener la paz con Dios y el gozo en Jesucristo !