– El ejemplo (Job 1 y 2) : Job era un creyente íntegro y temeroso de Dios. Tenía muchos bienes materiales, pero en pocos días perdió todo : la casa cayó sobre sus hijos y los mató, varias calamidades destruyeron todos sus bienes. ¡Y eso no fue todo ! Una enfermedad de la piel le hacía sufrir sin cesar.

¡Qué crisis material y espiritual para Job ! A lo largo de su historia lo escuchamos clamar a Dios su miseria, sus dudas, sus preguntas… Pero, poco a poco, la luz iluminó su espíritu. Su fe se afinó y su conocimiento de Dios se concretizó. Entonces exclamó : “De oídas te había oído ; mas ahora mis ojos te ven” (Job 42 : 5).

– La lección : Las pérdidas sucesivas que sufrió Job eran inmensas… Nos dejan pensativos, pero la lección espiritual que aprendió es muy rica, y es doble : por una parte, Job fue liberado de sus razonamientos negativos, y, por la otra, confió en Dios y lo honró, al exclamar : “Yo sé que mi Redentor vive”. “Yo conozco que todo lo puedes” (Job 19 : 25 ; 42 : 2).

¿Qué decir ante tales pérdidas y semejante progreso espiritual ? La puesta a prueba de la fe de Job produjo la paciencia, y esta cumplió en él “su obra completa” (Santiago 1 : 4).

Si vivimos momentos difíciles y separaciones dolorosas, ¡no nos desanimemos ! Al igual que Job, continuemos hablando al Señor, contémosle incluso nuestra amargura. Al final veremos que “el Señor es muy misericordioso y compasivo” (Santiago 5 : 11).