Hace unos 30 años, en un tribunal, se juzgaba a un hombre acusado de asesinato. Varios testigos se presentaron para defenderlo. Los dos primeros afirmaron que el acusado no estaba presente en el momento del crimen. Sus testimonios fueron rechazados, pues esos testigos eran demasiado cercanos al acusado. Luego, ocho personas más dieron su testimonio en el mismo sentido y presentaron pruebas irrefutables. Por este motivo el tribunal anuló las acusaciones.

Al comienzo de la historia de la Iglesia, algunos ya ponían en duda la resurrección de Cristo. Para callar a sus detractores y afianzar la fe de los cristianos, el apóstol Pablo argumentó de manera contundente a fin de establecer el hecho histórico de la resurrección.

Escribiendo a los corintios, les recuerda primero los hechos anunciados en los evangelios. Luego contradice los argumentos de los que ponían en duda la resurrección de Cristo, presentando más de 500 testigos que vieron a Jesús vivo después de haber estado muerto y sepultado, cuya mayoría aún vivía cuando Pablo escribió esta carta. Los apóstoles, testigos cercanos a Cristo, son cuidadosamente diferenciados porque eran amigos de Jesús. Mas era imposible no tener en cuenta a los 500 testigos que afirmaban que el Señor había resucitado.

La resurrección de Cristo es un hecho fundamental sobre el cual reposa la fe cristiana. Es la prueba de que Jesús es realmente el Hijo de Dios, que su sacrificio respondió a la santidad de Dios. Por último, muestra que los creyentes son liberados de sus pecados y que están eternamente unidos a su Salvador resucitado.