¿El diablo es el que hace nacer los malos pensamientos en el creyente?

No, no es el diablo, sino la naturaleza pecaminosa que todavía está en el creyente.

El Señor Jesús dijo: “Del corazón salen los malos pensamientos” (Mateo 15:19). La fuente de nuestros malos pensamientos todavía está en nosotros. Pero el diablo tiene una gran experiencia para actuar en los hombres, pues sabe cómo despertar nuestros deseos, suscitar nuestra codicia y llevarnos a pecar. Sus ataques se centran en los flancos en los cuales somos especialmente frágiles.

El solo hecho de tener malos pensamientos debería ser la señal de alerta. Para ser librados, tengamos el reflejo de ir sencillamente a Jesús, quien venció a Satanás. Con solo clamar a Jesús, el diablo huirá. “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe” (1 Pedro 5:8-9). “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7).

Leamos la Palabra de Dios; ella purificará nuestra conciencia, la mantendrá despierta y la hará capaz de detectar todo pensamiento impuro. La Biblia nos iluminará, alimentará nuestro espíritu con cosas buenas y nos mostrará el buen camino. Si está presente en nuestro corazón, será un arma eficaz para ahuyentar al enemigo. “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti… Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:11105).